
Os presento a Tango, nuestro perro, un Boston terrier.
La historia es la siguiente: hace dos años tomé la decisión de hacer aquello que había jurado y perjurado que no haría JAMÁS: tener una mascota, en forma de perro.
Los motivos para esa decisión, que los había, no vienen ahora al caso.
Como no tenía idea de perros, lo único que tenía claro era que quería un perro de raza, cosa que te permite tener cierta garantía sobre aspecto y caracter. Ya que iba a ser mi primer perro y quizá el único de toda mi vida, quería hacer las cosas "bien hechas".
Así que hice un estudio exhaustivo de mercado (jeje, los que me conocen saben que es verdad), teniendo en cuenta lo que NO quería, lo que deseaba de un perro, y lo que por mi parte podía y definitivamente no podía ofrecerle.
Leí mucho, pregunté a amigos dueños de perros, participé en foros de internet, ví videos en youtube, y finalmente reduje a 2 posibles razas, para mi hasta entonces desconocidas y que nunca antes había visto en vivo.
Coincidió que el marido de mi amiga (madrina de mi hija y a la que por eso en familia llamamos Madrina), él es un experto en perros, había llegado a la misma conclusión con una de esas dos razas: la del Boston Terrier, después de hacerme un montón de preguntas sobre mi forma de vida y mis expectativas.
Yo quería ver un Boston en vivo porque: imagínate que me compro uno y luego de adulto me parece horrible. Así que preguntaba a la gente por la calle si el perro que llevaban era un Boston, e invariablemente me contestaban que era un Bulldog francés. Y es que a primera vista son parecidos. Pero luego se distinguen fácilmente: los Boston son más finos, estilizados, proporcionados, con patas más largas, y más ágiles. Aunque la cabeza y las orejas son muy parecidas. No encontré a nadie con un Boston terrier.
Tuve que tomar una decisión importante, porque cuando le dije a mi pareja que quería comprar un perro, me dijo muy serio que con él no contara, que los problemas ya vienen solos como para complicarse la vida de forma voluntaria. Que él sabía lo que decía porque había tenido perros.
Lo pensé y repensé. Y seguí adelante, asumiendo el riesgo de tener que cuidar yo sola del perro, y de algo peor......
Siguiente paso: encontrar criador(a) de Boston terriers.
No lo encontré a mi gusto en España (ahora he descubierto unos criadores en Mallorca) y busqué fuera. Así me "topé" con una criadora francesa, que resulta es de las más reconocidas en Francia:
Marie Helene Combis, de Grand Fresnoy.
La siguiente decisión era si macho o hembra. Decidí que macho.
Al cabo de un mes la criadora me envió fotos de la última camada. Eso de decidir así, sin verlos de verdad, era arriesgado. Pero no iba a ir a verlo hasta Francia, para luego volver una segunda vez a recogerlo. Y quería recogerlo y traermelo a casa en persona.
Total que le dejé a la criadora que decidiera por mí entre los dos machos que había.

Tango recién nacido.
Mientras tanto, "preparé" la casa para la llegada del "bebé". Mis amigos, en especial Madrina, se han reido bien a mi costa: caí en todas las trampas del novato, comprando cosas innecesarias, leyendo mucha teoría, toda preocupada y nerviosa.
Cuando llegó el momento, fuimos a buscar al perro a Francia, a 140 km al norte de Paris, es decir
1.230 km de ida y otros tanto de vuelta. Casi nada. Fuimos: Madrina y su marido, mi hijo y yo.

Tango con apenas dos meses un poco antes de recogerle.

En el camino hicimos algo de turismo, preparado por el marido de Madrina que como se puede ver tiene buen gusto.
Finalmente recogimos al cachorrito, que nos conquistó desde el primer momento.
Se portó de maravilla en el largo viaje de vuelta. Estuvimos pensando nombres y Madrina propuso el de Tango que nos gustó enseguida por ser corto y definido.
(continuará)